Anthropic exploró comprar la startup de robótica Physical Intelligence: la carrera por el mundo físico ya empezó

🕒 Publicado en Zendoric: 29 de julio de 2026 · 00:34
Un rumor viral en X decía que Anthropic compraba la startup de robótica Physical Intelligence. Su CEO lo negó con un gif, pero hubo conversaciones reales esta primavera, según The Information. El dato incómodo: OpenAI también es accionista de la empresa que su rival quería comprar.
Por Zendoric · 29 de julio de 2026.
El fin de semana pasado, el bloguero Robert Scoble publicó en X que Anthropic estaba comprando Physical Intelligence, una de las startups de robótica más seguidas de Silicon Valley. La reacción fue inmediata y desproporcionada para lo que, en teoría, era solo un rumor. Su CEO, Karol Hausman, lo desmintió ante sus empleados por Slack con un gif de un personaje de "The Office" negando con la cabeza. Ni una palabra más.
Según ha podido confirmar The Information, el rumor no era del todo falso: Anthropic y Physical Intelligence sí mantuvieron conversaciones de adquisición esta primavera. No se detalla en qué quedaron, pero existieron. Scoble se equivocó en los detalles, no en el fondo del asunto.
Physical Intelligence no es una startup cualquiera. Fundada hace dos años en San Francisco por el inversor Lachy Groom junto a exinvestigadores de Google y profesores de Stanford y Berkeley, ha levantado más de 1.000 millones de dólares y, según informaciones previas, negociaba este año otra ronda de 1.000 millones a una valoración de 11.000 millones. Su modelo π0.5 es, de acuerdo con el artículo original, uno de los "cerebros" de robot más usados en la investigación del sector.
Para Anthropic, comprar startups no es una novedad: ha cerrado cuatro adquisiciones este año, aunque queda lejos de las más de 17 que OpenAI ha sumado desde 2023. Ambas compañías están además en plena preparación para salir a bolsa — Anthropic presentó su solicitud confidencial de OPI (oferta pública inicial, el proceso previo a cotizar en bolsa) el 1 de junio, OpenAI una semana después —, lo que podría convertirse en dos de los mayores debuts bursátiles de la historia en EE.UU.
La pregunta de fondo no es de fusiones y adquisiciones, sino de estrategia técnica: ¿por qué robótica, y por qué ahora? La respuesta más plausible es que entender el mundo físico —causalidad, gravedad, fricción, todo lo que ningún corpus de texto de internet enseña bien— ha empezado a verse como un requisito, no un extra, para llegar a sistemas verdaderamente superinteligentes.
OpenAI ya pasó por este ciclo. Construyó una mano robótica capaz de resolver un cubo de Rubik, cerró todo el equipo de robótica en 2021 —su cofundador Wojciech Zaremba reconoció después que les faltaban piezas clave para la superinteligencia—, lo resucitó en secreto en 2024 y lo hizo oficial en mayo, cuando Sam Altman anunció "OpenAI Robotics": robots para infraestructuras a corto plazo, un robot personal para cada persona como horizonte final.
Anthropic no tiene un laboratorio de hardware equivalente. Lo que sí tiene es un programa de investigación interno centrado en poner a prueba los límites de sus modelos por motivos de seguridad. En noviembre publicó los resultados de "Project Fetch", donde comprobaba cuánto podía ayudar Claude a alguien sin experiencia a programar un perro-robot; en junio repitió el experimento y, según la propia Anthropic, un modelo más reciente completó las mismas tareas unas 20 veces más rápido que el mejor equipo humano-más-Claude del año anterior. Comprar un equipo con experiencia real en robótica le ahorraría años de desarrollo desde cero.
Aquí aparece la parte más incómoda del rumor. Entre los primeros inversores de Physical Intelligence están Khosla Ventures y Thrive Capital —los mismos fondos que respaldaron a OpenAI—, y Founders Fund, también accionista de OpenAI, habría participado en las conversaciones de la última ronda. Pero el dato que de verdad cambia el marco es otro: OpenAI es, directamente, inversor de Physical Intelligence. Eso abre la duda de si su entrada en el capital incluyó derechos de información o de tanteo preferente sobre una venta a un competidor —cláusulas habituales que los inversores estratégicos negocian precisamente para evitar este escenario—. Dicho de otro modo: si Physical Intelligence acaba en manos de alguien, OpenAI —ya accionista, ya cercana a Groom, ya lanzada de lleno a su propia carrera robótica— tiene, sobre el papel, tantos o más argumentos para quedársela como la propia Anthropic. Preguntada por TechCrunch, OpenAI no respondió.
Nuestra lectura: más allá de quién se quede finalmente con Physical Intelligence —si es que alguien lo hace—, el episodio confirma que la competencia entre los grandes laboratorios ha sumado un frente nuevo. Durante los últimos años la carrera se libró en benchmarks de lenguaje y razonamiento; ahora se libra también en quién consigue antes que un modelo entienda y manipule el mundo físico. Es la misma lógica que ya vimos en la disputa por controlar la infraestructura donde operan los agentes de IA: el modelo más capaz deja de ser suficiente si otro controla el sustrato, ya sea software o, ahora, cuerpo.
A largo plazo esto encaja con la tesis de fondo que defendemos en Zendoric: un robot que entiende el mundo físico es, en última instancia, un vehículo para automatizar el trabajo manual rutinario y liberar tiempo humano hacia lo que de verdad importa —cuidado, creatividad, criterio—. La robótica aplicada a logística, manufactura o mantenimiento de infraestructuras es, literalmente, un paso hacia la abundancia material que consideramos el horizonte razonable de esta tecnología. Pero el corto plazo es más prosaico y también más honesto: una carrera de adquisiciones entre un puñado de laboratorios con capital casi ilimitado, en la que startups como Physical Intelligence corren el riesgo de acabar absorbidas —o descartadas— no por sus méritos técnicos, sino por quién llegó primero a la mesa de negociación. Con dos salidas a bolsa potencialmente históricas en el horizonte, ese excedente de capital no va a dejar de buscar dónde comprar la pieza que falta.
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