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Ni AES roto ni internet en peligro: lo serio es que Mythos tumbó en 60 horas un candidato post-cuántico del NIST

🕒 Publicado en Zendoric: 29 de julio de 2026 · 00:34

Anthropic dice que su modelo más potente encontró debilidades matemáticas nuevas en criptografía, y medio mundo ha leído «AES está roto». No lo está: el ataque va contra una versión debilitada del cifrado y exige recursos que no existen. Lo que sí importa es lo otro: HAWK, un esquema post-cuántico preseleccionado por el NIST que había sobrevivido a dos años de revisión humana, vio su seguridad efectiva reducida a la mitad en 60 horas y por unos 100.000 dólares de API.

Anthropic publicó el martes dos artículos de investigación en los que sostiene que Claude Mythos Preview —un modelo que aún no está disponible al público— halló debilidades matemáticas nuevas en cifrados que sostienen internet. Conviene desactivar el titular antes de seguir: nada de lo que usas hoy está roto. Según la propia compañía, el modelo atacó una variante de AES-128 de 7 rondas cuando el estándar real usa 10, y su método es entre 200 y 800 veces más rápido que el mejor conocido. Además, el ataque asume que el atacante puede pedir 2¹⁰⁵ cifrados elegidos, algo que ninguna máquina existente puede hacer. Debilitar algoritmos a propósito —quitarles rondas— es práctica rutinaria en criptografía: sirve para ver por dónde se agrietarán dentro de una década, no para vaciar cuentas mañana.

El segundo resultado sí muerde. Mythos redujo a la mitad la fuerza efectiva de HAWK, un esquema de firma post-cuántica preseleccionado por el NIST estadounidense. En términos concretos que da Anthropic: el coste esperado de recuperar una clave HAWK-256 baja de 2⁶⁴ a 2³⁸, es decir, del orden de 67 millones de veces más barato. Y HAWK no era un candidato improvisado: había aguantado dos años y dos rondas de escrutinio de expertos humanos. El modelo tardó 60 horas. Duplicar el tamaño de clave para compensar destruiría buena parte de lo que hacía atractivo al esquema. Anthropic añade un ataque funcional contra LEA de 13 rondas que recupera la clave en menos de una hora en un ordenador de sobremesa, más avances menores contra Serpent-128, Salsa20 y SHA-1. La compañía dice haber compartido ambos hallazgos con socios del Gobierno y la industria de EE. UU. antes de publicarlos.

El relato de cómo se llegó ahí es lo más revelador. Según Anthropic, Claude se negó al principio: estaba convencido de que no quedaba nada fácil por encontrar en el cifrado por bloques más estudiado del mundo. Un investigador lo empujó con un prompt lleno de erratas señalándole que los modelos dan la tarea por imposible y por eso ni lo intentan. El modelo reescribió entonces su propio andamiaje de agente para buscar ideas nuevas, generó varios cientos de millones de tokens en tres días y acabó en una técnica que bautizó como Möbius Bridge, un método de huella digital que elimina una de las 2⁵⁶ conjeturas que antes tenía que hacer el atacante. Total: unos mil millones de tokens y alrededor de 100.000 dólares de gasto en API por cada resultado. Después, dos investigadores de Anthropic —ninguno especialista en criptografía— dedicaron cerca de un mes a verificar que las matemáticas se sostenían.

Esa secuencia es la noticia real, y encaja con algo que venimos defendiendo: el cuello de botella no siempre es la capacidad, a veces son las creencias previas del modelo sobre lo que es posible. Hay capacidad latente escondida detrás de un «esto no se puede». Y encaja con nuestra tesis sobre medición: cuando un benchmark se satura deja de informar, por eso importa que Anthropic haya liberado CryptanalysisBench junto a ETH Zúrich, la Universidad de Tel Aviv y la de Haifa. Es una prueba difícil, no saturada, para medir la velocidad a la que crece esta capacidad. Y contexto obligado: Mythos sigue restringido desde su lanzamiento en abril a agencias gubernamentales seleccionadas, precisamente por su habilidad para encontrar y explotar fallos de software. La frase de Glenn Gerstell, ex asesor jurídico de la NSA, cuestionando que alguien pueda dar por segura la criptografía fuerte a dos años vista, es la cita que resume el nerviosismo institucional.

Nuestra lectura: esto no es el fin del cifrado, es el inicio de un ciclo de auditoría criptográfica a velocidad de máquina, y es una noticia de doble filo con saldo neto positivo si se gobierna bien. A corto plazo el riesgo es asimétrico y real: quien tenga acceso privilegiado a modelos así puede romper esquemas antes de que el resto sepa que están rotos, y eso convierte el modelo en activo geopolítico —el mismo patrón que ya vimos con el control de exportación de Mythos—. Pero la criptografía es una de las pocas disciplinas donde encontrar el fallo equivale a repararlo: HAWK cae ahora, en fase de estandarización, y no dentro de diez años con medio planeta firmando con él. Si por 100.000 dólares y 60 horas se puede auditar lo que a los mejores humanos les llevó dos años, el resultado a medio plazo es infraestructura más sólida, no más frágil.

Y hay una lectura de fondo mayor. Un sistema que produce matemática genuinamente nueva, se corrige el propio andamiaje y necesita un mes de verificación humana para ser creído es, esencialmente, una máquina de descubrimiento. Hoy la vemos apuntada a cifrados; el mismo mecanismo aplicado a biología estructural, a plegamiento de proteínas o a diseño de fármacos es exactamente el camino por el que esperamos que la IA acabe erradicando enfermedades. La transición será incómoda —habrá estándares que caigan y sustos justificados—, pero el problema del que hablamos es que la ciencia empieza a ir demasiado rápido para nuestros procesos de revisión. Es un problema mucho mejor que el contrario.

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Fuentes y referencias