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Meta está arruinando el lanzamiento de sus gafas inteligentes por sus propios tropiezos de privacidad

🕒 Publicado en Zendoric: 29 de julio de 2026 · 00:34

En ciudades como Nueva York, Londres y Washington D.C., grupos activistas han pegado carteles satíricos sobre los anuncios de las gafas inteligentes de Meta, llamándolas "el mayor avance en tecnología para pervertidos desde la gabardina" y acusando a la influencer Kylie Jenner, embajadora de la marca, de prestar su…

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En ciudades como Nueva York, Londres y Washington D.C., grupos activistas han pegado carteles satíricos sobre los anuncios de las gafas inteligentes de Meta, llamándolas "el mayor avance en tecnología para pervertidos desde la gabardina" y acusando a la influencer Kylie Jenner, embajadora de la marca, de prestar su imagen a unas "gafas depredadoras de vigilancia masiva". El mensaje de estas campañas guerrilla es claro: estos dispositivos pueden violar la privacidad de terceros, y la confianza en Meta para evitarlo está bajo mínimos.

La estrategia de privacidad de Meta para sus gafas se ha apoyado durante mucho tiempo casi exclusivamente en una pequeña luz LED que indica cuándo se está grabando, combinada con una política informal de "no seas un capullo". El resultado, en los últimos tres años, ha sido una oleada de los llamados "glassholes": usuarios que graban vídeos, a menudo de carácter sexualizado, sin el consentimiento de las personas filmadas, en ocasiones incluso desactivando esa luz. El vicepresidente de wearables de Meta, Alex Himel, ha reconocido ante The Verge que la compañía es consciente de que cada vez más usuarios manipulan los dispositivos para eludir ese aviso visual.

Como respuesta, Meta ha anunciado una actualización de software obligatoria que desactivará la cámara de todas sus gafas si se detecta manipulación física de la luz de privacidad. Paralelamente, el responsable de Instagram, Adam Mosseri, ha declarado que la plataforma retirará los vídeos grabados con las gafas de Meta que muestren acoso. Son medidas positivas, señala el artículo, pero llegan tarde: Meta podría haberlas implementado desde el principio, y la decisión de Instagram abre además nuevos interrogantes sobre moderación de contenidos.

El texto reconoce que, en términos comerciales, Meta ha tomado decisiones acertadas para popularizar las gafas inteligentes. Frente a un Google Glass demasiado llamativo, las gafas Ray-Ban Meta apostaron por el disimulo y la normalidad; Bose ya había explorado antes las gafas con audio y Snap se adelantó en la idea de grabar contenido en primera persona para redes sociales, pero fue Meta, gracias a su alianza con EssilorLuxottica, quien logró un producto asequible, de marca reconocida y con estilo genuino, convirtiéndolo en el modelo más cercano al gran consumo. Ese mismo esquema de colaboración con ópticas de moda —Warby Parker y Gentle Monster— está siendo ahora replicado por Google y Samsung.

Sin embargo, en los últimos meses Meta habría encadenado una serie de decisiones que erosionan esa ventaja. El artículo recuerda un reportaje del New York Times según el cual la compañía habría buscado desplegar tecnología de reconocimiento facial en las gafas aprovechando que los defensores de la privacidad estaban distraídos con otros asuntos. A esto se suma un reportaje de Wired que asegura que Meta ya había integrado silenciosamente ese reconocimiento facial en las gafas existentes, aunque sin activarlo, y un informe del Financial Times que sostiene que la compañía querría que las gafas graben de forma continua, las 24 horas del día. Fuera de estos episodios mayores, Meta también eliminó la opción de excluirse de que las grabaciones de voz se usaran para entrenar su inteligencia artificial, y algunos de sus ejecutivos han llegado a insinuar que quienes rechacen las gafas inteligentes quedarán en "desventaja cognitiva". Todo ello mientras la empresa seguía repartiendo el dispositivo entre creadores de contenido y lanzaba una campaña de gran visibilidad con Kylie Jenner, una de las celebridades más polarizantes del momento.

Para Uttara Ananthakrishnan, profesora de tecnología en la Universidad de Washington especializada en el efecto de las interacciones online sobre plataformas, mercados y comportamiento social, apoyar toda una política de privacidad en una sola luz LED es insuficiente: no se puede esperar que todo el mundo conozca su significado ni que reaccione ante ella, y esa carga recae injustamente sobre quien no lleva las gafas puestas. Ananthakrishnan se muestra escéptica sobre que las gafas inteligentes vayan a triunfar fuera de entornos laborales muy concretos, no solo por el estigma social que aún generan, sino porque la actitud de la sociedad hacia las grandes tecnológicas ha cambiado radicalmente desde la era de los primeros smartphones. A diferencia de entonces, dice, hoy existe mucha más conciencia de que en internet hay actores malintencionados capaces de causar daños reales, y de que cualquier cosa que se comparte puede tener consecuencias legales.

La profesora también distingue el cálculo de privacidad de dispositivos como los relojes inteligentes —donde el usuario asume un riesgo que le afecta solo a él mismo, a cambio de un beneficio personal claro— del de las gafas con cámara, en las que quien las lleva pone en riesgo la privacidad de otras personas, a menudo sin su consentimiento, convirtiéndose potencialmente en el agente del daño y no en la víctima.

Preguntada por The Verge, una portavoz de Meta, Maren Thomas, respondió por correo electrónico que la compañía está "comprometida con integrar la privacidad en cada iteración de sus gafas para que sean queridas tanto por quienes las llevan como por quienes están a su alrededor". Pero ese mensaje no convence a los críticos. Kendall Schrohe, directora ejecutiva de Attention Sphere —una de las organizaciones activistas vinculadas a los carteles satíricos en Washington D.C. y Nueva York—, sostiene que Meta poco puede hacer para demostrar que le importa realmente la privacidad de los usuarios cuando su modelo de negocio se basa precisamente en invadirla, y añade que unas gafas de sol con cámara integrada son, por definición, tecnología de vigilancia, sin que ningún ajuste técnico cambie esa naturaleza. Schrohe recuerda además que Meta, junto a otras grandes tecnológicas, habría presionado para debilitar leyes estatales de privacidad, lo que mina aún más su credibilidad.

Ananthakrishnan coincide en que "este momento ya ha pasado" para Meta: la compañía no tiene fama de comunicar bien sus políticas de privacidad, y ni ella ni Google —quizá solo Apple— podrían lograr que un comunicado tranquilizador sobre privacidad resulte creíble para el público en este contexto.

El artículo concluye que el rechazo actual a las gafas inteligentes combina el estigma social hacia estos dispositivos, la fatiga generalizada con las grandes tecnológicas y, de forma específica, la propia reputación de Meta. Salvo un giro drástico, será difícil cambiar esa narrativa. Y aunque podría ser tentador para algunos directivos del sector resignarse a una suerte de distopía de vigilancia hasta que legisladores o empresas privadas les obliguen a corregir el rumbo, la conclusión es que todos observan qué carta jugará Meta a continuación, como líder actual de esta categoría: si mantiene la misma estrategia, corre el riesgo de cederle el liderazgo a Google o Apple, o de hundir directamente la categoría de las gafas inteligentes en su conjunto.

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Fuentes y referencias