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Gemelos de IA para adultos: cuando el negocio no es el sexo, sino tu identidad digital

🕒 Publicado en Zendoric: 18 de julio de 2026 · 01:58

Kerry Katona ofrece un avatar de IA con servicios íntimos «sin censura» en la app OhChat, según The Sun. Más allá del morbo, el caso señala un mercado emergente: la licencia comercial de nuestra propia imagen convertida en producto que trabaja 24/7.

Los hechos, primero. Según The Sun, la ex de Atomic Kitten Kerry Katona (45) ofrece un «gemelo» de inteligencia artificial en la plataforma OhChat, un sitio que —siempre según el medio— permite a famosos monetizar versiones de IA de sí mismos mediante conversaciones «privadas y coquetas», voz e imágenes «sin censura». El artículo cita a otras celebridades como Katie Price o Danniella Westbrook, y sitúa el movimiento en la estela de OnlyFans, del que Katona ha dicho abiertamente que le devolvió la estabilidad financiera. Es una noticia de prensa rosa, y conviene tratarla como lo que es; pero debajo del titular hay una tendencia tecnológica que merece análisis.

El contexto relevante no es el picante, sino el modelo de negocio: la conversión de la identidad —cara, voz, manera de hablar— en un activo licenciable que genera ingresos de forma automatizada. Lo que antes exigía la presencia física de la persona (una sesión, una foto, una llamada) ahora lo ejecuta un avatar entrenado que atiende a miles de usuarios en paralelo, sin descanso y a coste marginal casi nulo. Es, en esencia, la misma lógica que hemos visto desplazarse del músculo humano al software en tantos sectores, aplicada aquí a lo más íntimo: la propia imagen.

El impacto tiene dos caras, y hay que nombrarlas sin edulcorar. En el lado que preocupa a corto plazo: consentimiento y control. Un gemelo de IA plantea preguntas espinosas sobre qué dice y hace el avatar cuando la persona no está delante, quién posee los derechos si la relación con la plataforma se rompe, y cómo se distingue un doble autorizado de un deepfake no consentido —el mismo tipo de suplantación que ya se usa para fraude y abuso—. Que aquí sea voluntario y remunerado no elimina el problema de fondo: normaliza una infraestructura de clonación de personas que, en otras manos, es una herramienta de engaño. La gobernanza —licencias claras, marcas de agua, derecho a revocar— va por detrás de la capacidad técnica, como suele ocurrir.

Nuestra lectura. Conviene resistir tanto el escándalo fácil como el entusiasmo ingenuo. Que una celebridad decida rentabilizar su imagen con IA es, en el fondo, una elección económica legítima, y anticipa un mercado más amplio y menos morboso: actores que licencian su doble para doblaje, músicos que clonan su voz, profesionales que despliegan un «agente» con su criterio. La misma tecnología que hoy asoma en una app para adultos será mañana infraestructura cotidiana de la economía de la identidad digital. El reto no es prohibir el espejo, sino asegurar que cada persona conserve la llave: propiedad, consentimiento y capacidad de apagarlo. Si esa gobernanza llega, la clonación de la propia imagen puede ser una fuente de valor controlada por quien la genera; si no llega, será terreno abonado para la suplantación. El titular es de prensa rosa; la pregunta que deja —¿de quién es tu yo digital?— es de las serias.

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Fuentes y referencias