El despido por IA no era estrategia, era prisa: la mitad de esas empresas ya recontrata más caro

🕒 Publicado en Zendoric: 17 de julio de 2026 · 00:24
Klarna y otras compañías que presumieron de sustituir plantilla por IA hoy pagan para recuperarla. El patrón se repite: recortar rápido, prometer de más, subestimar lo humano y pasar años reconstruyendo lo que se tiró.
Por Fast Company México · 16 de julio de 2026.
Durante dos años ha funcionado casi como un guion: la empresa anuncia recortes, menciona la inteligencia artificial, el titular se escribe solo y la conferencia de resultados sale bien. Según recoge CNBC, ese guion se está desmoronando: cerca de la mitad de las compañías que despidieron personal alegando sustitución por IA están ahora recontratando, y a un coste mayor que si nunca hubieran roto la plantilla original. El caso más citado es Klarna, que presumió de que su chatbot hacía el trabajo de 700 agentes de atención al cliente y aportaría 40 millones de dólares anuales en beneficio. Lo que vino después tuvo menos titulares: satisfacción del cliente a la baja, quejas públicas y una recontratación silenciosa de agentes humanos. El bot gestionaba volumen, no matices ni el criterio necesario para salvar una mala experiencia.
Hay que separar dos fenómenos que se han mezclado en el relato público. Uno es real: hay tareas —sobre todo administrativas y de back-office— donde la IA sustituye trabajo de forma efectiva. El otro es narrativo: un análisis de Bloomberg apunta a que buena parte de la pérdida de empleo en Reino Unido atribuida a la IA respondía en realidad a factores económicos más amplios, y que la IA sirvió de coartada para recortes ya decididos. Es una distinción importante porque, si la coartada se generaliza, distorsiona tanto las decisiones de inversión de otras empresas como el debate público sobre el impacto real de la tecnología en el empleo. No toda cifra de despido "por IA" mide lo que dice medir.
Más interesante que las empresas que rectifican es la comparación con las que nunca cometieron el error. Ingka Group, matriz de la mayoría de tiendas Ikea, automatizó con un chatbot el 47% de sus llamadas de atención al cliente. Tenía sobre la mesa despedir a 8.500 personas; en su lugar las reconvirtió en asesoras de diseño de interiores. El resultado: 1.300 millones de euros de ingresos en 2024 por esa vía, con una previsión del 10% de los ingresos totales para 2028. IBM, tras adoptar IA de forma agresiva y frenar la contratación junior, descubrió entre tres y cinco años después una escasez de talento propia y ahora triplica la contratación de perfiles de la Generación Z, redefiniendo sus funciones en vez de eliminarlas. Amazon Web Services va en la misma dirección: 11.000 becarios y recién graduados contratados este año, y según su consejero delegado Matt Garman, más desarrolladores de software empleados hoy que hace dos años pese a herramientas de código con IA mucho más potentes. El patrón que conecta los tres casos es el mismo que en la memoria de esta casa hemos visto repetirse con cada ola de automatización: la tecnología multiplica lo que la gente puede hacer, no sustituye de raíz a la gente que sabe hacerlo.
El Barómetro Global de Empleos en IA 2026 de PwC, construido sobre más de mil millones de ofertas de empleo en seis continentes, respalda esa lectura con números: el 20% de empresas con mayor exposición a la IA logró un crecimiento de productividad laboral del 163% frente a 2018 —casi cinco veces el promedio— y, lejos de reducir plantilla, la aumentó un 52%, frente al 36% de las organizaciones que usan la tecnología con menos intensidad. Es un dato que conviene subrayar porque contradice la intuición dominante: las empresas que mejor aprovechan la IA no son las que más despiden, son las que más contratan. El déficit no está en el volumen de empleo agregado sino en su composición, y ahí sí hay una fractura real que no conviene minimizar: la propia encuesta de reclutadores de GMAC señala que los puestos de entrada para la Generación Z en tecnología y manufactura afrontan un riesgo genuino de desplazamiento. La respuesta que funciona, a la vista de Ikea e IBM, no es evitar la automatización sino rediseñar esos puestos antes de eliminarlos, algo bastante más difícil de vender en una nota de prensa que un titular de recorte.
Nuestra lectura es que este episodio confirma, con nombres y cifras concretas, algo que veníamos sosteniendo sobre el empleo y la IA: el problema de fondo no es que la tecnología destruya trabajo de forma neta, sino que ha sido más fácil venderla como excusa de recorte de costes que gestionar con seriedad la transición de las funciones que sí cambian. Jeff Bezos lo planteó en VivaTech con una idea que compartimos: la humanidad tiene una capacidad prácticamente ilimitada de inventar cosas por construir, así que la IA generará escasez de mano de obra cualificada antes que excedente. Eso no consuela a quien fue despedido de más por un cálculo apresurado, y es importante no minimizar ese coste humano y esa incertidumbre real de corto plazo. Pero si la tesis de fondo de Zendoric es que la IA nos encamina, con tropiezos, hacia una economía de abundancia donde el trabajo humano se concentra en el criterio, la relación y lo que a las máquinas todavía se les resiste, este boomerán de recontrataciones es exactamente el tipo de corrección de mercado que cabía esperar: cuanto antes las empresas dejen de tratar a la plantilla como una partida de gasto y empiecen a tratarla como el activo que hace útil a la IA, antes dejaremos atrás la fase de despidos-titular para entrar en la fase, más lenta pero más sólida, de reinvención real del trabajo.
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