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TeraWulf y Anthropic firman 19.000 millones en cómputo, pero el mercado mira los 3.500 millones de deuda sin explicar

🕒 Publicado en Zendoric: 13 de julio de 2026 · 00:21

TeraWulf cerró con Anthropic un alquiler de centros de datos de 19.000 millones a 20 años, a un precio por megavatio un 27% superior al de sus contratos previos. El mercado, sin embargo, castigó la acción por la deuda de alto riesgo necesaria para construirlo.

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Por TS2.tech · 12 de julio de 2026.

TeraWulf (NASDAQ: WULF), hasta hace poco una minera de bitcoin reconvertida en proveedor de centros de datos, anunció un contrato de alquiler de cómputo con Anthropic valorado en 19.000 millones de dólares a veinte años. La operación cubre 401 megavatios de "carga crítica de TI" que empezarán a generar ingresos entre finales de 2027 y principios de 2028. El dato que ha inquietado a los inversores no es el tamaño del contrato, sino un paquete de deuda de 3.500 millones que la compañía no ha desglosado: según su CFO, Patrick Fleury, combinará un préstamo apalancado con bonos de alto rendimiento —deuda con calificación por debajo del grado de inversión y, por tanto, más cara—, liderado por Morgan Stanley. El resultado en bolsa fue una semana de sierra: máximo de 25,15 dólares el lunes, caída del 8,9% el martes, subida del 12,8% el miércoles y un cierre semanal de apenas el 3,7% sobre el nivel previo, con un desplome del 5,3% el viernes.

Los números, sin embargo, respaldan parte del entusiasmo inicial. Haciendo la cuenta simple —ingresos contratados entre plazo y capacidad—, el contrato con Anthropic implica unos 2,37 millones de dólares por megavatio-año, frente a los 1,86 millones que TeraWulf obtiene en su acuerdo Lake Mariner con Fluidstack: una prima de densidad de ingresos del 27%. Esa cifra no garantiza más margen —los términos operativos y el reparto de servicios pueden variar—, pero sostiene la frase del consejero delegado Paul Prager de que "no se pueden crear megavatios de la noche a la mañana": la escasez de energía y de capacidad de construcción, no la demanda, es hoy el cuello de botella que fija el precio. El salto de escala es brutal para una empresa que en el primer trimestre facturó 34 millones de dólares entre cómputo de alto rendimiento y minería de bitcoin: el contrato de Anthropic, a razón de 950 millones anuales, equivale a siete veces ese ritmo trimestral anualizado, antes de contar costes, financiación o riesgos de ejecución.

Ahí está el verdadero pulso del mercado. Si la nueva deuda de 3.500 millones se coloca en condiciones parecidas a las de las emisiones anteriores de TeraWulf —cupones del 7,25% al 7,75%—, el coste de interés anual rondaría entre 254 y 271 millones de dólares, es decir, entre el 27% y el 29% de los ingresos brutos medios que aportará el alquiler a Anthropic. Cualquier retraso en la construcción, encarecimiento del equipo eléctrico o escasez de energía retrasaría los ingresos mientras los intereses siguen corriendo, y obligaría a TeraWulf a elegir entre deuda más cara o una ampliación de capital que diluya al accionista actual. No es un riesgo hipotético: la propia compañía lo ha señalado como su principal frente abierto, junto con el respaldo crediticio que exige la estructura en Kentucky.

Nuestra lectura es que este contrato es un síntoma, no una anécdota. Detrás de cada titular de "IA generativa" hay ahora una cadena de financiación que recuerda más a la construcción de infraestructuras energéticas que al software: laboratorios como Anthropic externalizan el riesgo de construir megavatios a operadores especializados, que a su vez lo trasladan a los mercados de deuda de alto rendimiento, que a su vez apuestan a que la demanda de cómputo seguirá creciendo durante dos décadas. Es una cadena que funciona mientras los tipos de interés no se disparen y la demanda de inferencia no se enfríe; y falla, con dolor real para accionistas y acreedores, si cualquiera de esos dos supuestos se rompe. El comportamiento dispar de comparables como IREN (+6% en la semana) frente a Applied Digital (-5,8%) muestra que el mercado ya empieza a diferenciar entre quién construye con márgenes sólidos y quién simplemente añade apalancamiento.

A largo plazo, sin embargo, este tipo de contratos son precisamente el tipo de inversión física que sostiene la tesis de fondo: sin megavatios no hay modelos más capaces, y sin modelos más capaces no hay el salto hacia la abundancia —científica, médica, económica— que defendemos como horizonte. La transición actual es dura y se paga con deuda cara, dilución potencial y volatilidad bursátil; eso hay que decirlo sin rodeos. Pero la escasez de energía y de capacidad de cómputo que hoy encarece estos contratos es también la señal de que la demanda de inteligencia artificial es estructural, no una moda pasajera. Quien sobreviva a esta fase de construcción intensiva en capital —con balances sólidos y contratos bien estructurados— estará mejor posicionado cuando la curva de costes de la computación empiece, como ha ocurrido históricamente con toda infraestructura crítica, a bajar.

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Fuentes y referencias