Retinas humanas resucitadas responden a la luz hasta 10 horas después de la muerte, un paso hacia el trasplante de ojo completo

🕒 Publicado en Zendoric: 11 de julio de 2026 · 00:27
Un equipo liderado por Eimear Byrne, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Barcelona (BIST), ha logrado mantener ojos humanos donados metabólicamente activos fuera del cuerpo durante hasta 10 horas después de la muerte, el doble del tiempo conseguido previamente por otros científicos en 2022 (que habían alcanzado 5…
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Un equipo liderado por Eimear Byrne, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Barcelona (BIST), ha logrado mantener ojos humanos donados metabólicamente activos fuera del cuerpo durante hasta 10 horas después de la muerte, el doble del tiempo conseguido previamente por otros científicos en 2022 (que habían alcanzado 5 horas). El hallazgo, publicado como preprint en bioRxiv, se presenta como un paso relevante hacia el objetivo, todavía lejano, de los trasplantes de ojo completo capaces de restaurar la visión.
El problema central que aborda este trabajo es la extrema fragilidad de la retina, el tejido sensible a la luz situado en la parte posterior del ojo. A diferencia de la córnea —cuyo trasplante ya es una práctica establecida que mejora la visión en personas con daño corneal—, la retina está conectada al sistema nervioso central y es muy sensible a la isquemia, es decir, a la degeneración causada por la falta de oxígeno. Según explica Thomas Johnson, de la Universidad Johns Hopkins (que no participó en el estudio), incluso un breve periodo de isquemia probablemente provoca una degeneración irreversible de las neuronas y circuitos sensibles a la luz. Esto explica por qué, aunque ya se realizó un trasplante parcial de cara y ojo completo en 2023, este no logró restaurar la vista del receptor.
Para reducir ese daño, el equipo de Byrne diseñó un sistema que inserta un tubo flexible en la arteria oftálmica, la encargada de irrigar de sangre el ojo y las estructuras circundantes. A través de ese tubo perfundieron el ojo donado con una solución oxigenada, utilizando un dispositivo desarrollado a medida al que han bautizado como 'Eye-in-Care-Box', equipado con sensores que regulan automáticamente la presión y el flujo, imitando así las condiciones que el ojo experimentaría dentro del cuerpo.
La validación experimental se hizo en dos fases. Primero, los investigadores tomaron ambos ojos de seis donantes, perfundiendo uno de cada par y dejando el otro sin perfundir como control. El sistema de perfusión preservó la estructura de la retina y mantuvo la salud de las células circundantes durante hasta 24 horas, mientras que los ojos no perfundidos se degradaron rápidamente tras su extracción. En una segunda fase, perfundieron otros 36 globos oculares donados y comprobaron que 15 de sus retinas producían respuestas eléctricas a la luz similares a las medidas en personas vivas, respuestas que se mantuvieron durante hasta 10 horas tras la muerte. No obstante, el artículo señala que no está claro por qué los 21 globos oculares restantes no mostraron esa respuesta, lo que sugiere que la técnica aún no es consistente ni está totalmente comprendida.
Johnson subraya que este avance, aunque significativo ('un logro tremendo', en sus palabras), no resuelve otro obstáculo mayor para restaurar la visión mediante un ojo trasplantado: la regeneración de las fibras del nervio óptico seccionado, necesaria para que el ojo pueda comunicarse con los centros visuales del cerebro. Sin esa conexión, advierte, un ojo donado no tendría forma de transmitir la sensación visual al cerebro del receptor. El artículo menciona que existen varios grupos investigando cómo fomentar el recrecimiento del nervio óptico, y Johnson sugiere que ha llegado el momento de empezar a combinar estas intervenciones prometedoras en el contexto de un trasplante de ojo completo.
Más allá de su aplicación directa a los trasplantes, el propio equipo de Byrne apunta que el dispositivo Eye-in-Care-Box podría tener valor como herramienta de investigación por derecho propio: al mantener ojos humanos metabólicamente sanos fuera del cuerpo, permitiría probar terapias relacionadas con la visión directamente en tejido humano en lugar de recurrir a modelos animales. Johnson coincide en que existe potencial para usar esta tecnología en el desarrollo de nuevos modelos in vitro y paradigmas experimentales para probar fármacos y otras terapias, así como para entender mejor la biología y la patología ocular, con la ventaja de que los resultados serían más directamente aplicables a la enfermedad y biología humanas.
En conjunto, se trata de un avance incremental pero concreto dentro de un campo —la ceguera irreversible por enfermedades de la retina, como la degeneración macular asociada a la edad, que afecta a más de un millón de personas en el Reino Unido— donde los tratamientos actuales solo consiguen ralentizar la progresión de la enfermedad, sin revertirla. El propio artículo es cauto: no afirma que el trasplante de ojo completo esté cerca de ser una realidad clínica, sino que esta técnica de perfusión reduce uno de los obstáculos técnicos (la degeneración por isquemia) que hasta ahora hacían inviable conservar un ojo donado en condiciones funcionales el tiempo suficiente.
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