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EDHEC apuesta por lápiz y papel para enseñar IA: la fricción deliberada como antídoto a la atrofia cognitiva

🕒 Publicado en Zendoric: 10 de julio de 2026 · 00:24

En una escuela de negocios francesa, 700 estudiantes dejaron las pantallas para escribir a mano sobre cómo usan la IA. Es un experimento pequeño, pero apunta a la pregunta que de verdad importa: no qué puede hacer la IA, sino qué deberíamos delegarle nosotros.

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Por Poets&Quants · 9 de julio de 2026.

En un anfiteatro de EDHEC Business School, en Francia, 350 estudiantes escribieron su tarea a mano durante una clase sobre inteligencia artificial. El detalle, anecdótico a primera vista, es el núcleo de la noticia: en enero, EDHEC lanzó el bootcamp "Me, Myself and AI" para sus 700 alumnos de pre-máster, con catorce profesores de distintas disciplinas y un mandato explícito de apagar la pantalla para reflexionar, en un diario en papel, sobre cómo aprenden, cómo usan la IA y dónde esta puede ayudar o perjudicar su aprendizaje. Michelle Sisto, fundadora del Centro de IA de EDHEC en 2024 y con background en sistemas expertos desde los años 80, lo llama "un momento de gracia": la sorpresa de los propios profesores al escuchar, de nuevo, el sonido de bolígrafos sobre papel.

Detrás de la anécdota hay una arquitectura curricular ambiciosa. EDHEC ha construido un marco de competencias en IA (inspirado en UNESCO y el Alan Turing Institute) que distingue entre el "ciudadano IA" (cualquier estudiante), el "arquitecto de soluciones IA" y el "líder IA". Rediseñó en 2025 la vía de innovación digital de su Global MBA en torno a la IA, lanza en octubre una vía de "Liderazgo y Rendimiento Aumentado por IA" para el Executive MBA, y ofrece un MSc en Data Analytics & AI y una vía de Data Science para el Máster en Management. El bootcamp obligatorio se apoya en el marco LEAD (Learning, Ethics, Accuracy, Development) y combina casos éticos con talleres de prompting que buscan, según la profesora Inge De Clippeleer, enseñar a redactar prompts que "faciliten el pensamiento divergente en lugar de la convergencia" — es decir, usar la IA para ampliar el criterio, no para sustituirlo. También hay upskilling docente sin imponer una política única: comunidades internas que se reúnen cada tres semanas o cada viernes para compartir usos reales, y un laboratorio pedagógico (PiLab) que ayuda tanto al profesor que ya construye asistentes propios como al que aún no sabe qué hacer con un caso de estudio que ChatGPT resuelve en segundos.

Nuestra lectura: lo interesante de EDHEC no es que enseñe IA —eso ya lo hace medio mundo de las escuelas de negocio en una carrera de anuncios, tracks y certificados— sino que introduce fricción deliberada en un sistema que, por defecto, tiende a eliminarla. Cuando cada tarea, cada reunión y cada resumen se puede delegar a un modelo, la escuela apuesta por obligar al estudiante a parar y pensar sin herramientas, precisamente para que luego sepa cuándo sí conviene usarlas. Esto conecta con un problema que ya hemos señalado en el sector educativo: el riesgo real del chatbot en el aula no es la tecnología en sí, sino la tentación de "entregar el trabajo de pensar" al asistente. EDHEC intenta blindarse de ese riesgo justo donde más se juega el valor de un MBA: el criterio, no la ejecución.

Esto también encaja con nuestra tesis sobre el empleo y la educación de negocios: en un mercado donde lo administrativo y rutinario se automatiza primero, el profesional que sobrevive —y el que un MBA debería formar— es el que orquesta la IA con juicio, no el que compite con ella en velocidad de cálculo o redacción. La propia Sisto lo plantea sin rodeos al preguntarse quién audita el comportamiento de los flujos de trabajo agénticos y quién asume la responsabilidad cuando un agente actúa de forma autónoma; son preguntas de gobernanza que ninguna escuela resuelve sola, de ahí que EDHEC se haya sumado a consorcios como el Responsible AI Consortium, el Digital Education Council y la alianza FOME junto a Imperial, Johns Hopkins o LUISS.

A corto plazo, el propio centro reconoce el coste humano de esta velocidad: Sisto investiga si los estudiantes pierden confianza en sí mismos cuando una máquina parece más rápida o más capaz, una preocupación legítima y poco discutida frente al entusiasmo habitual por la productividad. A largo plazo, sin embargo, el experimento apunta en la dirección que defendemos: si la formación logra preservar el juicio humano como la competencia que de verdad diferencia, la IA deja de ser una amenaza a la empleabilidad y se convierte en la herramienta que libera tiempo y atención para lo que realmente requiere criterio, ética y relación humana —el terreno donde, seis meses después de que el prompting "quedara anticuado", como bromea Sisto, seguirá habiendo trabajo que hacer.

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