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Rushdie dice que la IA vale «cero» para narrar: el límite que la industria del contenido no quiere admitir

🕒 Publicado en Zendoric: 9 de julio de 2026 · 00:21

En Londres, Salman Rushdie ha zanjado el debate con una frase tajante: la IA no tiene «ninguna» utilidad para la creación literaria porque solo puede reciclar lo ya escrito, nunca inventar lo inédito. Lo dice mientras negocia nuevas adaptaciones de 'Midnight's Children' y 'The Ground Beneath Her Feet' y prepara un documental sobre el atentado que sufrió en 2022.

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Por Variety · 8 de julio de 2026.

Salman Rushdie no se ha andado con matices. Preguntado por Variety sobre qué papel debería tener la inteligencia artificial en la creación literaria, cinematográfica o narrativa en general, el autor de 'Los versos satánicos' respondió sin titubeos: "Nada. Cero". Y fue más allá: "No es útil para el trabajo creativo porque la IA no tiene capacidad de originalidad. Lo que puede hacer es absorber enormes cantidades de información y producir versiones de eso. Pero lo que no puede hacer es algo que nadie haya hecho antes. Y eso es el arte: encontrar cosas que la gente no ha hecho antes". Las declaraciones llegaron antes de que Rushdie recogiera el 14º Honor Cultural de Liberatum en Londres, en una conversación en la que también desveló que hay renovado interés en una nueva adaptación televisiva de 'Midnight's Children' (después de que la versión con el cineasta Vishal Bhardwaj se rompiera por motivos económicos y de guion, con Netflix disconforme con el rumbo del proyecto) y para llevar al cine 'The Ground Beneath Her Feet'. Rushdie pidió cautela: "Hay conversaciones sobre dos o tres de mis libros, pero créanlo cuando lo vean". También habló del documental 'Knife: The Attempted Murder of Salman Rushdie', dirigido por Alex Gibney y basado en sus memorias de 2024 sobre el atentado que sufrió en 2022, que se estrenó en Sundance en enero y llegará a Reino Unido y Estados Unidos en septiembre.

La frase de Rushdie no es una boutade de escritor tecnófobo: es la posición más extendida entre los grandes narradores de nuestro tiempo, y conviene tomarla en serio precisamente porque viene de alguien que ha pasado media vida defendiendo la libertad de imaginar contra la censura, la amenaza y la violencia. Su argumento técnico, además, es defendible: los modelos actuales de lenguaje son motores de recombinación estadística sobre lo ya existente, optimizados para producir la continuación más probable de un patrón, no para concebir una estructura narrativa, una voz o una idea que rompa con lo anterior. Eso es, en esencia, lo que separa a un generador de texto de un autor: la intención, el riesgo y la ruptura deliberada con lo esperado.

Dicho esto, la palabra "cero" es más eficaz como titular que como diagnóstico completo. Que la IA no tenga capacidad de originalidad artística no significa que carezca de cualquier utilidad en la cadena de producción cultural: ya se usa para documentación, traducción asistida, generación de guiones de trabajo, doblaje, restauración de archivo o prototipado visual en desarrollo audiovisual, tareas todas ellas mecánicas y de apoyo, no creativas en el sentido que Rushdie defiende. El propio sector del entretenimiento vive esa tensión a diario: mientras Rushdie descarta la IA de plano, otras voces de la industria —como Léa Seydoux, que en la misma cobertura de Variety decía no sentirse "amenazada" por la IA— sitúan la discusión no en si la herramienta sirve, sino en qué terreno se le permite entrar y en quién controla esa frontera.

Aquí es donde conecta con la tesis de fondo que defendemos en Zendoric: a corto plazo, la ansiedad de creadores, guionistas y actores ante la IA generativa es legítima y no debe minimizarse, porque ya hay presión real sobre tarifas, derechos de imagen y empleo en producción audiovisual (el propio pulso sindical de Hollywood en los últimos años lo demuestra). Pero el error sería concluir que la tecnología sustituye al autor: lo que amenaza es el trabajo mecánico y repetitivo alrededor de la creación, no el acto de imaginar algo que nadie ha hecho antes, que sigue siendo terreno exclusivamente humano y probablemente lo seguirá siendo durante mucho tiempo. Si la IA cumple su promesa de abundancia —abaratando costes de producción, edición y distribución— el resultado a largo plazo no debería ser menos arte humano, sino más autores con más medios para contar historias que solo ellos pueden concebir, mientras la maquinaria delega en la IA las tareas que nunca fueron el alma del oficio.

Que Rushdie, con 79 años, prepare una nueva novela "en fase temprana", vuelva a negociar adaptaciones de sus obras más ambiciosas y siga defendiendo que el arte debe incomodar y desafiar es, en el fondo, la mejor prueba de su propio argumento: mientras las máquinas aprenden a producir variaciones cada vez más convincentes de lo ya escrito, la literatura seguirá necesitando a alguien dispuesto a arriesgar la vida, literalmente en su caso, por decir algo que antes no se había dicho.

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