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OpenAI, Trump y la propuesta de un fondo de riqueza con IA para los estadounidenses

🕒 Publicado en Zendoric: 7 de julio de 2026 · 03:25

La promesa reiterada de Sam Altman, CEO de OpenAI, de que los estadounidenses compartirán la riqueza que genere la IA volvió a ser noticia la semana pasada. Según reportó el Financial Times, Altman está en conversaciones con el presidente Trump para ceder al gobierno de EE.UU. una participación del 5% en OpenAI.

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Por James O'Donnell (The Algorithm, MIT Technology Review) · 6.7.26.

La promesa reiterada de Sam Altman, CEO de OpenAI, de que los estadounidenses compartirán la riqueza que genere la IA volvió a ser noticia la semana pasada. Según reportó el Financial Times, Altman está en conversaciones con el presidente Trump para ceder al gobierno de EE.UU. una participación del 5% en OpenAI.

Esta idea no es nueva: en 2021 Altman ya había escrito sobre una versión más radical, proponiendo que todas las empresas por encima de cierta valoración (no solo las de IA) aportasen anualmente el 2.5% de su valor de mercado a un fondo que repartiría desembolsos anuales entre los estadounidenses. En abril de este año, OpenAI describió una propuesta más acotada, muy parecida a la que ahora se discutiría con Trump. La idea tiene además atractivo político transversal: el senador Bernie Sanders ha propuesto que los estadounidenses reciban una participación del 50% en las principales empresas de IA.

¿Cuál es la lógica detrás de esto? Para los potenciales beneficiarios, la justificación es doble. Primero, la IA aprende directamente de trabajo generado por humanos —libros, películas, arte— sin que las empresas de IA paguen normalmente a los autores de ese contenido; una participación accionarial gratuita podría servir como una forma de compensación tardía. Segundo, el pago podría mitigar la ansiedad generalizada de que la IA provoque un colapso del mercado laboral (aunque los economistas no están de acuerdo en ese punto), actuando como una red de seguridad.

El tamaño de esa red de seguridad está en debate. Los detalles de la última propuesta de OpenAI son escasos, pero el autor hace un cálculo: tras su ronda de financiación de marzo, la compañía fue valorada en 852.000 millones de dólares, lo que haría que un 5% de participación valiera hoy unos 42.600 millones de dólares (la empresa, según se informa, estaría retrasando su salida a bolsa hasta alcanzar una valoración de 1 billón de dólares, un objetivo difícil dado que gasta fuertemente en centros de datos y todavía no es rentable). Repartir esos 42.600 millones de dólares entre los aproximadamente 133 millones de hogares estadounidenses daría a cada uno unos 320 dólares en acciones. Pero si funcionara como otros fondos de riqueza soberanos, el gobierno no entregaría las acciones directamente sino que dejaría crecer el fondo y compartiría después una parte de los retornos, lo que podría suponer un pago mayor si las empresas de IA llegan algún día a ser rentables de forma sostenible.

Si este dividendo llega a materializarse, ¿qué gana la industria tecnológica a cambio? Altman podría esperar que la promesa de estos pagos ayude a inclinar la opinión pública de nuevo a favor de las empresas de IA. El correo cita datos de que la mayoría de los estadounidenses no confía en que las empresas usen la IA de forma responsable, se opone a la construcción de centros de datos en su zona, y que la mitad está más preocupada que entusiasmada por la creciente presencia de la IA en su vida diaria.

Pero el mayor premio para OpenAI podría ser mantenerse en buenos términos con la administración Trump, que según el autor disfruta cerrando acuerdos tecnológicos —como su participación accionarial en Intel y su parte de las ventas de Nvidia a China, entre otros. Mantener una buena relación con la administración es esencial actualmente para las empresas de IA (el autor pone como ejemplo el caso de Anthropic), ya que puede significar evitar que tus modelos sean considerados un riesgo para la cadena de suministro, o recibir más ayuda de la Casa Blanca para frenar a los rivales chinos.

La conclusión principal del autor es que estos planes funcionan hoy más como relato que como política concreta. Altman lleva cinco años hablando de alguna versión de esta idea y, según se informa, la planteó a Trump poco después de que asumiera el cargo, pero hay pocos indicios de que se esté configurando un plan concreto. La propuesta más ambiciosa de Sanders tiene, según el autor, aún menos probabilidades de prosperar.

Lo que estos planes sí revelan, señala O'Donnell, es cuán abierto sigue estando el debate sobre el futuro de la IA. Altman se inspiró para su plan en el Alaska Permanent Fund, creado en los años 70 para dar a los habitantes de Alaska una parte de los beneficios petroleros, basado en dos premisas: que el petróleo es un recurso compartido y que eventualmente se agotará. Altman parece aceptar la primera premisa respecto a la IA, pero rechazaría la segunda, habiendo prometido que la IA generará una riqueza extraordinaria durante décadas. El autor concluye que si los estadounidenses llegan a recibir алgún cheque es casi secundario; el verdadero propósito de la propuesta podría ser convencerlos de que el boom de la IA será lo bastante grande como para repartirse.

El correo incluye además, en la sección 'Deeper Learning', una nota relacionada sobre cómo los trabajadores de chips en Corea del Sur (en empresas como SK Hynix y Samsung) se han convertido en los solteros más codiciados tras acuerdos sindicales que les repartieron un 10% de los beneficios operativos, ilustrando cómo el reparto de las ganancias de la IA y los semiconductores ya está generando efectos sociales tangibles, aunque también amplía la brecha de riqueza en el país.

Fuentes y referencias

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