Un economista de OpenAI dice que la IA no destruirá empleo. Conviene leer la letra pequeña

🕒 Publicado en Zendoric: 1 de julio de 2026 · 00:35
La tesis tranquilizadora sale de alguien en nómina de la empresa que más tiene que ganar con ella. El debate sobre IA y empleo merece más que un 'no pasa nada' corporativo.
Por Zendoric · 30 de junio de 2026.
Un economista de OpenAI ha salido a declarar que la inteligencia artificial no causará pérdidas de empleo. La noticia circula vía Futunn, una plataforma financiera hongkonesa, y llega sin más detalle que el titular. Eso, precisamente, es un problema: porque el argumento importa mucho, y porque la fuente del argumento también importa.
Empecemos por lo obvio: que el economista interno de la empresa que fabrica y vende los modelos de IA más potentes del mundo concluya que esos modelos no van a destruir empleos es, como mínimo, una posición que merece escrutinio. No implica que esté equivocado, pero sí que hay un incentivo estructural claro. Las empresas tecnológicas llevan décadas contratando economistas para producir análisis que, con mayor o menor rigor, concluyen que su tecnología es buena para el empleo. A veces aciertan. A veces están mirando la foto a la distancia conveniente.
El debate real es más complejo. La posición clásica pro-tecnología sostiene que cada ola de automatización destruye empleos viejos pero crea empleos nuevos, y que el balance histórico ha sido positivo. Hay evidencia de largo plazo que la apoya. Pero hay dos razones por las que esa analogía histórica puede flaquear esta vez. Primera: la velocidad. Las transiciones del pasado se medían en décadas; la actual puede medirse en años, sin dar tiempo a que la formación y la movilidad laboral amortigüen el golpe. Segunda: la amplitud. Antes, la automatización atacaba tareas físicas repetitivas. Ahora ataca tareas cognitivas, creativas y de comunicación: el corazón de los empleos de cuello blanco que históricamente funcionaban como refugio para quienes perdían empleos industriales.
Nuestra lectura en Zendoric es que la verdad es incómoda para ambos bandos. Los catastrofistas que anuncian el fin del trabajo subestiman la capacidad humana de adaptación y la demanda de nuevas habilidades que siempre genera la productividad creciente. Pero los optimistas corporativos que dicen 'no pasa nada' están ignorando lo que ya vemos en sectores como los servicios financieros, el derecho o el back-office tecnológico: las primeras oleadas de reestructuración ya están ocurriendo, y están siendo dolorosas para segmentos concretos de trabajadores. Decirle a un gestor documental de 52 años que 'en agregado el empleo no cae' es, en el mejor de los casos, una verdad estadística que no sirve de nada para su situación concreta.
Lo que sí merece crédito de la posición optimista es esto: la productividad que libera la IA puede, si se redistribuye bien, financiar transiciones, reducir jornadas, elevar salarios en lo que sigue siendo valioso y crear formas de trabajo que hoy no existen. Ese es el horizonte de largo plazo que defendemos: no que no haya disrupción, sino que la disrupción puede ser el precio de entrada a algo estructuralmente mejor. Pero ese resultado no es automático ni está garantizado por el mercado solo; requiere políticas activas, formación continua y, sí, economistas que digan la verdad completa, no solo la mitad que conviene a su empleador.
Mientras tanto, toca pedir los datos detrás del titular. ¿Qué modelos usa el economista de OpenAI? ¿Qué horizonte temporal? ¿Qué sectores? ¿Distingue entre desempleo neto y desplazamiento sectorial? Sin esas respuestas, el titular 'no habrá pérdidas de empleo' no es análisis: es relaciones públicas.