Europa no necesita ganar la carrera del chatbot, sino la de la autonomía: la apuesta de Domyn

🕒 Publicado en Zendoric: 27 de junio de 2026 · 09:00
La italiana Domyn anuncia un modelo de frontera open-source de más de 400.000 millones de parámetros, entrenado desde cero sobre la supercomputación pública europea EuroHPC. Su tesis, según su CEO, desmonta un mito caro: entrenar un gran modelo exige mucho menos cómputo que servirlo a cientos de millones de usuarios.
En el debate sobre la IA europea suele imponerse el derrotismo: sin los centros de datos billonarios de los gigantes estadounidenses, ¿qué puede hacer Europa? El plan que Domyn presentó a Reuters el 25 de junio de 2026 propone cambiar la pregunta. La compañía milanesa —antes iGenius, fundada en 2016— anuncia para dentro de un año, como máximo, un modelo de frontera completamente abierto y reproducible, de más de 400.000 millones de parámetros y entrenado desde cero.
El argumento más fértil lo aporta su CEO, Uljan Sharka, al calificar la red EuroHPC de «activo estratégico infravalorado». La distinción técnica que defiende es importante y a menudo se pasa por alto: el entrenamiento de un modelo, aunque intensivo, es un proceso acotado en el tiempo; servir inferencias a escala planetaria es lo que exige una infraestructura masiva y permanente. Si se acepta esa premisa, Europa ya dispondría de capacidad de cómputo suficiente para crear modelos fundacionales, aunque no para operar el próximo chatbot global. Y ese es, justamente, un objetivo distinto y más alcanzable.
La elección del código abierto y la reproducibilidad no es ideológica, sino geopolíticamente quirúrgica. El proyecto, articulado en el consorcio EUROPA junto al alemán Fraunhofer y seleccionado en el Frontier AI Grand Challenge de la Comisión Europea, responde a una vulnerabilidad doble que el propio reportaje ilustra bien: Italia y Chequia han restringido el uso remoto de DeepSeek pero permiten despliegues locales, y a la vez crecen las inquietudes europeas por los controles de exportación estadounidenses sobre los modelos de Anthropic. La dependencia, en suma, no es solo de Pekín; también de Washington. Un modelo ejecutable en infraestructura propia no queda sujeto a las decisiones regulatorias de ningún tercer país.
Conviene mantener el rigor donde el propio artículo lo mantiene: el tamaño en parámetros no garantiza igualar a los líderes de frontera, y Domyn no ha detallado su financiación, aunque confirma el respaldo de G42 de Abu Dabi y de inversores como Eurizon. La ambición declarada y la capacidad demostrada son cosas distintas, y el calendario de un año es exigente.
Aun con esas cautelas, la propuesta encaja con un diagnóstico que comparten otros actores del continente, como Mistral u OVHcloud —cuyo responsable habló recientemente de una «segunda ola» de constructores de modelos impulsada por la caída de costes—. La verdadera aportación de Domyn quizá no sea el modelo en sí, sino la redefinición del objetivo: la soberanía no consiste en clonar a ChatGPT, sino en garantizar que gobiernos, empresas e investigadores puedan desplegar IA de alto nivel sin pedir permiso a nadie. Si Europa entiende que su ventaja está en la autonomía y no en el tamaño, esta puede ser una de las apuestas más sensatas del año.