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← Volver al día · 24 de junio de 2026

El 'vibe coding' no mata al SaaS: redibuja la frontera entre lo que sirve a uno y lo que sirve a muchos

🕒 Publicado en Zendoric: 24 de junio de 2026 · 09:00

David Hurtado le da la vuelta al argumento de moda: el software generado por IA quizá no llegue a producción masiva, pero ahí no está el negocio que peligra. Lo que se tambalea es el SaaS que durante años cobró suscripción a quien solo se necesitaba a sí mismo. Un análisis de dónde desaparece el stack, dónde resiste y por qué la línea divisoria se llama 'segundo usuario'.

Conviene empezar aceptando la crítica antes de discutirla. Es cierto que una aplicación nacida de prompts no se sostiene sirviendo a miles de personas: faltan las capas de seguridad, aislamiento de datos, cumplimiento y despliegue en equipo que exige cualquier producto serio. David Hurtado no lo niega. Su aportación, más interesante, es señalar que esa objeción contesta a una pregunta que casi nadie estaba haciendo.

El giro del artículo consiste en separar dos mercados que solemos confundir. Existe el software pensado para servir a multitudes y existe el software de usuario único: la herramienta del autónomo, del equipo de tres o del propio creador. Y casi todo el stack que se reclama como imprescindible existe para resolver tres problemas concretos —escala, datos compartidos y obligaciones con terceros— que el usuario en solitario sencillamente no tiene. Sin esos problemas, los permisos por roles, el aislamiento entre cuentas, los límites de peticiones, las redes de distribución o los acuerdos de servicio dejan de tener a quién proteger. Lo que queda es la aplicación y un sitio donde guardar los datos con copia de seguridad.

De ahí nace la afirmación más incómoda para el sector, atribuida al propio autor: 'el SaaS de un solo usuario estaba subvencionando al resto'. La idea es que durante años el individuo ha pagado una suscripción que financiaba decenas de funciones diseñadas para clientes que no es. La 'regla del 90/10' que propone Hurtado lo resume bien: si una herramienta cubre el 90% de lo que necesitas y no te cobra licencia, ese 10% que falta rara vez justifica un pago recurrente. No se compite en funciones; se gana quitando.

La parte que merece más cautela es la de las cifras, y aquí toca atribuir con cuidado. Según el artículo, la prensa financiera habló en febrero de 2026 de una 'SaaSpocalypse' con unos 285.000 millones de dólares perdidos en bolsa, y un 51% de las licencias empresariales compradas quedarían sin usar. Se citan también casos concretos —Blinkist reemplazando unos 60.000 dólares anuales de SaaS por aplicaciones propias—, una previsión de Gartner según la cual el 40% del nuevo software empresarial se construiría con estas técnicas en 2028, y un dato sobre el último batch de Y Combinator donde una de cada cuatro startups tendría el 95% del código generado por IA. Son señales potentes, pero conviene leerlas como lo que son: indicios de un cambio de modelo de cobro por usuario, no una sentencia de muerte. Que los clientes retiren licencias en lugar de añadirlas dice más sobre cómo se factura el software que sobre si la IA 'funciona'.

El propio análisis tiene la honestidad de marcar sus límites, y ahí gana credibilidad. Reconoce que mucha gente no sabe lo que necesita hasta que lo ve, y que en ese trabajo previo de descubrimiento y diseño el SaaS empaquetado sigue aportando un valor real. Y sitúa la frontera con precisión quirúrgica: el stack completo vuelve a ser necesario en el instante exacto en que más de una persona necesita ver o tocar los mismos datos. Ese salto, además, no es gradual; ocurre de golpe al pasar de uno a dos usuarios.

Queda un cabo que el autor deja abierto y que merece subrayarse, porque es donde el optimismo debe frenar: la seguridad y la custodia de los datos no desaparecen nunca, ni siquiera en la app de un solo usuario. Guardar bien la información, hacer copias y no exponer credenciales sigue siendo obligatorio, y la solidez del código generado por IA es un debate todavía sin cerrar. La lectura más útil de esta pieza no es 'el SaaS ha muerto', sino una más matizada y más exigente: la IA está devolviendo a cada usuario la capacidad de fabricarse exactamente lo que necesita, y eso obliga al software empaquetado a justificar su precio en algo más que en funciones que casi nadie usa.

Fuentes y referencias